
Los sobrinos e hijos de La Costurera
Los veranos en esta casa suelen ser extraños. No sé si en otras casas pasará lo mismo, pero a mí me siguen pareciendo raros.
Yo tengo dos hijos, eso me da una especie de pase de acceso a ciertos privilegios.
Es muy sutil: al inicio del verano recibo una llamada en la que alguien, que a veces se identifica, me dice que enviará a mi domicilio a dos chamacos. Yo siempre suelo decir que sí, y cuando llegan, a veces logro reconocerlos por haber compartido veranos pasados, quizá en casa o tal vez en un campamento remoto.