La Costurera

Made

In Puntadas on junio 14, 2011 at 8:41 pm

Made es mi vecina. Hasta hace poco sé como se llama, aunque ella ha vivido en esta calle y en la casa frente a la mía toda su vida. Sólo sabía que era maestra de francés, cosa que de por sí apantalla.

Hoy me la encontré en la calle y como ya nos habíamos presentado por nuestro nombre, me atreví a comentarle que el fin de semana había visto por su ventana una escena que grabé en mi mente como una fotografía de regocijo de sábado por la noche: su comedor estaba lleno de bullicio, había muchas personas que compartían bandejas con comida y conversaban entre ellos. Primero me llamó la atención la inusual concurrencia y luego me quedé en la calle contemplando un rato la escena. Se parecía a las cenas de navidad o de cumpleaños. Eso me gustó.

Cuando llegamos a la puerta de mi casa, Made me dijo que se trataba de una reunión entre amigos, una tertulia en realidad. Que este sábado el tema era escribir sobre los nombres que nos habían sido dados y de cómo eso se convertía en refugio y en destino. La invité a tomarse un refresco en casa, y para mi fortuna, mi vecina aceptó con gusto.

Ahora ya se que Made es una maestra jubilada y que los jueves imparte un taller de motivación a la lectura entre jóvenes de una secundaria pública allá por el Arenal. También me contó que no toda su vida ha vivido en la casa de enfrente, que hubo una época en la que vivió en Francia y que allá conoció y comenzó una entrañable amistad con don Miguel León Portilla.

Made me cautivó. Está feliz con el trabajo voluntario que realiza con los chavos de la secundaria. Dice que comenzó el ciclo escolar con cincuenta y ahora tiene veinticinco, pero todos ellos –como ella-, acuden al taller por voluntad propia, porque no hay evaluación, no hay lista de asistencia, no hay puntos por participación y, por encima de todo, hay un espacio donde pueden conocer y amar la belleza de las palabras, hacerlas propias y ponerlas a trabajar para que los interpreten. Ya les presentó a Shakespeare y ahora están con Ana Frank.

Made me invitó a tomarle fotos a sus chavos. Te van a fascinar, me promete. Quiere que vaya durante una clase y que los retrate en el momento mismo en el que descubren una nueva palabra (¿te suena, AnaCé?). No se si cubriré la expectativa de mi nueva amiga, me preocupa menos mi limitada capacidad con la cámara que el amor que tiene por sus jóvenes, pero, ya quedamos y yo no me rajo.

¿Por qué te jubilaste, Made? le pregunté con cierto reproche cuando la acompañaba a su casa. Porque hacer lo que te gusta y –además- porque te da la gana, tiene también su encanto.

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