¿Qué le dijo un tumor a otro tumor? El tamaño sí importa.
No me consta, pero casi seguro que ayer, en el Palacio de Covián, la conversación fue así:
Peña: Me dijo chaparrito.
Blake: Es que sí es cierto.
¿Qué se le regala a alguien que lo tiene todo? Un auto. De formal libertad.
¿Qué se le obsequia a un ex gobernador que ahorró (para sí) 104 millones de pesos? También un auto, pero de formal prisión.
Un chiste vía tuíter: Mamá, mamá, en la escuela me dicen Silvia Pinal -¡Cállate Eruviel!
Federico Döring acaba de presentar pruebas de que Vicente Chaires, el coordinador administrativo del CEN del PRI y magnate de las comunicaciones en Coahuila, es en realidad un prestanombres de Moreira. El PRI eliminó el nombre de su prominente funcionario de su directorio en Internet y ya que estaba en esas, aprovechó el ride para quitar de la lista a los otros colaboradores del equipo del presidente. ¿Miedo o precaución?
¿Realmente importa si Luis Felipe o Eruviel se han fumado un churro en los últimos trece días? Probablemente. Pero comprobarlo no puede ser una propuesta de campaña. Se supone que los electores tienen que escuchar ideas para mejorar su calidad de vida. Claro que importa una efectiva acción gubernamental para el combate a las adicciones, y qué mejor que sean los gobernantes los que prediquen con el ejemplo. Pero las pruebas de laboratorio que requieren los ciudadanos se encuentran en las leyes y esas, parece ser que no se aplican en el Edomex. Eso es lo que importa.
Alejandra Barrales y Carlos Navarrete -cada uno por su cuenta- planean una gira por gringoria para promover el voto chilango en el extranjero. ¡Háganme ustedes el favor! Este par se voló la barda con su pretexto. ¿Saben cuántos mexicanos en el extranjero hay en la lista nominal? 40 mil 876. Y ¿saben cuántos son chilangos? Seis mil 281.
La explicación del abogado de Salazar Mendiguchía no tiene desperdicio: Dice que su cliente, bueno el que era patrón de su cliente, o sea el gobierno de Chiapas, compró para Pablo y sus más cercanos colaboradores un seguro de vida muy generoso. Esta póliza tenía una cláusula de que si no te morías te devolvían una parte, no todo, de lo que habías pagado como prima. Y que su cliente, como es muy ocupado, nunca se fijó que la devolución se iba a hacer tres meses después de la conclusión del sexenio. Y que ya cuando le avisaron que le devolvían el dinero porque no se había muerto, pues ni cómo regresárselo a su ex empleador, porque, como no está previsto en ninguna ley, devolverlo habría sido ilegal. Y que por eso lo metieron a la cárcel. ¡Qué mala onda!