No sé si será la presión o qué, pero desde ayer me he sentido mal del corazón. El títere que construyó Gepeto López Obrador y al que le dio vida el Hada de los Medios, finalmente feneció.
Le faltaba poquito para conquistar el mundo, para ser el Rey de Iztapalapa, para olvidarse de una vez por todas de ser comparsa de Noroña (ahora el puesto lo ocupa Jaime Cárdenas), para subirse diario a una suburban, para traer guaruas, para que le tomara la llamada Andrés Manuel, para tener secretaria, para hacer Primera Dama a su novia. Y tras 45 minutos con el carnal Marcelo, se convenció de cederle la corona a la compañera Brugada.
Ya no se irá de gira por el mundo; ni siquiera logró ir a París donde ya tenía invitación asegurada. Ya los medios no lo pelan; desde su anuncio nadie se ha ocupado de lo que viste, de lo que come, de lo que dice. Ya no volverá a tener más reporteros que ciudadanos en sus arengas a los Niños Héroes que nos dieron Patria. No lo volverán a invitar a un palco en el Azul. Y Andrés Manuel no volverá a ocuparse de él.
¿A qué se dedicará Juanito? Parece que a nadie le importa. Fue un pendejo útil: para romper madres, para hacer plantones, para mear policías, para responder que sí o que no en las consultas ciudadanas, para gritar que es un honor estar con obrador, para ser un candidato de a mentiritas. Sólo que Juanito sí se la creyó, como también se creyó todas las ideas que le dieron sus entrevistadores (¿sigues siendo el rey? ¿la gente te conoce? ¿vas a gobernar Iztapalapa? ¿quieres ser diputado? ¿vas a ser Presidente?). Quizá mañana digan que escupió para arriba.
Fue triste volverlo a ver en la práctica que mantuvo durante los primeros días en sus exposiciones ante los medios, con un papelito en la mano, repitiendo sin cesar las frases que alguien más había armado para él: “esto lo hago por el bien de Iztapalapa”.
Ingrato Andrés Manuel, ingratos los medios, ingrata Clara, ingrata yo. Porque todos ganamos con el show de Juanito, excepto la democracia y el propio Rafael Acosta, la persona, no el payaso.
Ah, también pierde Iztapalapa, porque la indemnización corre por cuenta de su presupuesto.



