Hoy leí un cuento de mal gusto. Fue escrito con el tonito condescendiente que suelen utilizar los que piensan que los demás son lelos, y se dirigen a ellos con superlativos y diminutivos, analogías redundantes y clichés gastados para ser entendidos fácilmente.
El personaje principal del cuento es Juanito, el delegado electo de Iztapalapa. Sé que dirás que entonces no era un cuento, sino una caricatura o tal vez una dramatización. Le llamo cuento porque la autora así categorizó su texto.
Como no sigo su columna, desconozco si este tipo de dramatizaciones son comunes en la autora, también ignoro si el error de llamarle cuento a lo que no lo es, forma parte de su estilo o si su estilo es hacerle al cuento para que no se note lo falaz de su argumento.
El caso es que lo que hoy publica en Reforma la señora Guadalupe Loaeza es una caricatura de la caricatura de democracia que creó Andrés Manuel López Obrador en Iztapalapa, pero quizá valga la pena quitar la paja y poner aparte las mentiras y verdades que contiene su escrito:
La señora dice que Juanito era pobre, que vendía chicles, que abrió una paletería, que le tumbaron un diente, que es devoto de la virgen de Guadalupe, que tenía un equipo de futbol, que su jefe le propuso lanzarlo como candidato en Iztapalapa. Todo lo anterior es verdad, dramatizada, pero verdad al fin.
Lo que es cuento es que Clara Brugada fue la verdadera candidata, porque le revocaron el registro como tal; es mentira que fue impedida injustamente de participar en la contienda, porque no ganó en la elección interna de su partido y tampoco en los tribunales; es falaz decir que casi todos en Iztapalapa votaron por Clarita, porque nadie votó por Clara Brugada.
Y lo que resulta contundente verdad es lo que, en voz de sus personajes, afirma la señora guadalupe:
En Iztapalapa –1) donde hay mucha lana-, 2) votaron por Rafael Acosta, 3) que ya tiene mucho poder 4) y consejeros que le han hecho ver, entre otras cosas, 5) que fue tratado como pendejo.
También debe ser cierto que todavía hay personas que piensan que hay votos “de mentiritas”, o que las niñas bien pueden decir “ya chingamos”, sin que les laven la boca con el jabón amargo de la voluntad ciudadana.

E X C E L E N T E