La Costurera

La marcha de los marchantes

In Dobladillo on Agosto 30, 2008 at 11:11 pm

Acabo de llegar de la marcha por la seguridad Iluminemos México. No se cuántos acabamos yendo, pero eramos un titipuchal. Todos vestidos de blanco, todos con nuestra veladora, todos con un agravio que se convirtió en denuncia o en los más terribles casos, en un amado muerto.

Es probable que estuviera por allí uno que otro solidario que nunca hubiera sufrido ni un cruce de palabras con un delincuente en el microbús, pero la neta nadie le creería. Estoy segura que todos los que acabamos desbordando el Zocalo hemos tenido un encuentro con el hampa. ¿Qué chinga no?

Y faltaron un montón:  los de danzoneantes  de la Plaza de la Ciudadela que ni andaban de blanco, ni daban color de que quisieran dejar de bailar; los emos de la Glorieta de los Insurgentes que de blanco no traian ni un copo de pityrosporum ovale (caspa, pues); los que salieron de trabajar a esas horas; los que iban corriendo al trabajo; los que fueron en nuestra representación a apoyar a la Máquina; los que se fueron (suertudos) a disfrutar a Óscar Chávez con la Sonora Santanera…

Los que marchamos eramos como una tribu urbana, pero más fashion que los emos, y menos existencialista que los darkis. La razón de nuestra tribu es terriblemente patética: representamos el fracaso de nosotros y de nuestros gobiernos y el éxito de la delincuencia, pero lo que queremos decir es exactamente lo contrario.

Se me hace que por eso teníamos que marchar en silencio, no fuera a ser que gritaramos alguna consigna que evidenciara nuestra contradicción: “Su-pli-ca-mos-com-pa-sión”.

Lo malo es que a los ambulantes no les avisaron eso del silencio, nomás les alcanzaron a pasar la idea general: Es algo de Paz, velas, Ángel, Zócalo. Más que suficiente para llenar de camisetas con consignas, banderas, velas, veladoras, moños blancos, diademas con antena de palomita, globos blancos, elotes, gujolotas con atole, papas sabritas… todo expendido al ritmo de fuga en do menor:

“lleve dos bolsas de sonrisitas (sabritas) por cinco pesuooooooos”
                                ”la camiseta de la paz o de ya basata para la marchuaaaaaaaaa”
                                                                      “compre los chicles canels por un pesuoooooooooo”

Bueno, hasta Slim le entró a la vendimia: sacó a dos de sus muchachas del Samborns, unas charoritas de pan, unas jarritas de café, una mesita y Castrens, ya te amolastens.

Reconozco que sí hubo momentos de silencio que nos llevaron a la reflexión. Y entonces aplaudimos, y dijimos Mé-xi-co-se-guro, todas las veces que fuera necesario, hasta llegar a la siguiente fuga.