Ayer fue rechazada la acción de inconstitucionalidad en contra de la ley que permite que en la ciudad de México se pueda abortar antes de la décima segunda semana de embarazo, lo que quiere decir, en términos de lo que yo y mis colegas costureras podemos entender, que sigue siendo -como desde hace poco más de un año-, un derecho de nosotras las mujeres (y también las costureras) chilangas, interrumpir un embarazo de hasta tres meses de gestación.
Pero ojo muchachas, si le echaron ganas entre el 1 y el 3 de agosto, no se les vaya a ocurrir abortar el día 30 de noviembre, porque aunque son tres meses, técnicamente se les pasó una semana y eso sí ya es delito. Esto es porque hasta la semana 12 es cosa lo que luego de 24 horas es individuo. No levanten la ceja, es muy sencillo y se los voy a explicar:
Ustedes y yo, sus galanes, sus hijos, sus padres, sus nietos y todos los que viajan en el Metro, fuimos en algún momento simple y sencillamente un producto. Sí, como las Singer (pero sin mayúsculas), y todavía menos, porque para hacer una sola de tales máquinas, se ocupan más de dos personas, y para nosotros nomás se ocuparon dos. Esa condición, de acuerdo a la novísima norma, sólo nos duró doce semanas y ni un minuto más, porque luego de eso, por una súbita evolución, pasamos la condición de Ser Humano (ora sí con mayúsculas).
Y luego, ahí nos quedamos para siempre. Ya nunca cambiamos. Ya lo sé muchachas, ustedes podrán argumentar que a lo largo de su vida han tenido distintas etapas de cambio, como cuando dejaron de ser niñas, o cuando aprendieron a ser costureras o cuando se han sometido a una dieta rigurosa para deshacerse de esos kilitos (a veces ganados por la concepción, digo, producción de algún chamaco). Pues no. Están muy equivocadas.
Luego de la semana doce ya somos lo que hoy somos, lo que ayer fuimos y lo que seremos para siempre: Una cosa que por la decisión de la que una vez fue portadora de la presente, se convirtió en persona.
Podemos congratularnos de haber pasado del día 84 en el vientre de una mujer, aunque de eso sólo podemos dar cuenta a partir del día 85, porque como ustedes saben, las cosas no tienen conciencia, es como pedirle al ribete que se enorgullezca de la Singer que lo parió.
Ahora bien, lo complicado será explicarles por qué no nos quedamos como cuando teníamos doce semanas y un día, puesto que hasta ahí ya éramos cosa terminada. Eso sí no lo sé, pero estoy segura de que pronto, muy pronto, la Asamblea Legislativa dará a luz alguna norma que lo explique y quizá hasta prohiba que, estando dentro del vientre, los individuos no puedan crecer más allá de la longitud alcanzada hasta la semana doce, no vaya a ser que se vulneren los derechos de las chichis y la panza de la mujer a no ser estiradas y estriadas.