
Perimetro A SIN ambulantes
Si la superstición es un pensamiento contrario a la razón y ajeno a la fe religiosa, ¿por qué ha sobrevivido para llegar a nuestros tiempos en formas tan extrañas que algunas veces hasta se vende como pensamiento científico?
Existen en nuestra época diversas formas de superstición, muchas veces vinculadas con la fe religiosa y otras como alternativas a ésta, es decir, la enchilada completa. Desde la Grecia antigua hasta el presente, la diversidad de supersticiones, o quizá simplemente el empaque de estas, ha logrado llegar a todas las culturas y sociedades; así podemos encontrar en Grecia que si a uno se le rompía el cordel de la chancla, la suerte que sobrevendría tenía relación directa con el pie al que correspondía. Esa misma creencia está presente hoy, sólo que como ya no usamos ese tipo de calzado, ahora sólo hay que tener cuidado con qué zapato se pone uno primero.
Pero la mezcla de la superstición con la religión es quizá lo más confuso en nuestra cultura actual y donde mejor se aprecia es en el mercado de Sonora en la ciudad de México. Este mercado es el centro de abasto para santeros, chamanes, curanderos y pitonisas, pero también llegan allí a surtir la receta los pacientes de éstos y los que buscan una respuesta que ni Dios ni la ciencia les han dado.
En el mercado de Sonora se encuentran las figurillas de yeso de todos los santos, y el Niño Dios y la Santa Muerte. Están presentes para la venta y en los altares que se levantan en su nombre, acompañados de herraduras envueltas en festones rojos, manojos de romero, veladoras de distintos colores, inciensos, ramos de flores, la foto del penante y el plástico que cubre todo ello, que quizá ahora también tenga una función en el conjunto.
Los yerberos ofrecen polvos de ajo macho, sábila macho, yerbas del indio –que cura la gastritis-, combinaciones para friegas, polvos de “ven dinero”, pero también se pueden encontrar las partes nobles de distintos animales, en polvo o bien apretaditas con un mecate, que favorecen las mismas secciones del género homo-erectus. Los órganos animales no sólo tienen propiedades curativas en la lúdica, el “legítimo polvo del chango macho”, por ejemplo, otorga espíritu de buena suerte en los juegos de azar, en los negocios, y protege contra los espantos.
Ya fuera del mercado, sentado, por ejemplo frente al televisor, control remoto, teléfono y tarjeta de crédito en mano, se puede uno encontrar con el Talismán de los Siete Metales, que lo mismo elimina el cáncer que le consigue a uno trabajo. El artefacto consiste en una pirámide de acrílico con monedas, canicas, perlas de plástico, una hindú con hartos brazos y un cojincillo rojo que seguramente conserva para la posteridad una mezcla de yerbas. Llega a casa siete días (sí, siete) posteriores al planchado la tarjeta de crédito y sólo hay que ponerla debajo de la cama del que requiere la hazaña.
Ahora bien, si uno necesita algo más interactivo, también se puede llamar a una línea telefónica para hablar con una mujer que con un pyrex con agua, unas moneditas y unos cristalillos de los que se ponen también en las peseras o los floreros, le puede indicar cómo es la mujer que acosa al marido en la oficina o señalarle dónde hay que romper el piso para buscar el cofre de dinero y el testamento que poseía el difunto abuelo.
Urdir todos estas acciones y remedios requieren de la imaginación del diseñador, llámese chamán, gurú, vidente, santero, cientista o como se le prefiera llamar. Este personaje no sólo ha de cumplir con juntar lo que pudiera parecerse a un fundamento religioso, tradicional o científico en su producto, debe tener también la imaginación para aproximarlo a las necesidades culturales de la sociedad a la que se dirige, por ello no vemos curas para el entendimiento, pero sí para maridos buscones, enfermedades incurables, y mejoras en la calidad de vida.
La superstición, sin embargo, cumple también con una función dentro de la sociedad: brindarle al individuo un nuevo aliento para resolver sus problemas, y es quizá por ello que se ha transformado para adaptarse a los padecimientos de la sociedad, el problema es que cuando se vuelve hábito, lo bloquea y se vuelve manía: leer el horóscopo deja de ser algo que se hace para acabarse el café; colgarse un cuarzo deja de ser un adorno, pasar la sal ya no es una cortesía y hasta acudir a misa se vuelve superstición cuando se piensa sirve para evitar la condena.
En conclusión: Las supersticiones son como las vacunas: porciones de enfermedad que se administran en dosis pequeñas para evitar que el padecimiento te afecte; no sirven cuando ya te dio, y si se te pasa la mano te puedes morir, aunque siempre existe la esperanza de pisar mierda.
SINCERAMENTE MUY EXPLICITO.